Señora rarísima disturbándome en cafetería porteña (La Continental, Callao y Corrientes). Me pregunto si les pagan o lo hacen por puro amor.

Especies


El humo del corazón quemado,
el vapor de la sangre,
se elevan al gran dios satelital.
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De Los cien ojos de la cola del pavo real de Hera (2009)
Foto: Montevideo.


Playa La Mulata, Montevideo.

Tuve un incidente con un perro, en un viejo molino de mareas, por lo que creo que era una cabeza de cabra, ustedes dirán.

Foto: Montevideo.

Buenos Aires

O pavão também tem máscara

Le paon a aussi son masque.
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Foto: Montevideo.

Teatro de sombras


En la planicie pulida por cristales de lluvia, la sombra chinesca me escolta, corre que te corre. El frío de esta villa voraz, para estar a tono, ha tallado un espejo negro bajo mis pies. Ahí vamos las dos, cada cual en lo suyo: yo custodio los recodos de mi tesoro gris perla y ella quiere acuñar nuevas monedas de cobre que al caer suenen como minúsculas campanas.
La sombra con forma de sapo pierde el aliento, pero la expresión de su cara redonda de marfil apenas cambia. Transformada en alfil de mi viejo ajedrez –bailan las manos oficiosas- traza su diagonal sobre el tablero escarlata y blanco (sí, porque hay sangre en la nieve de esta primavera indolente que aún no se decide a entrar).
Mi criatura sombría no para de observarme desde su curiosa ausencia de párpados. Busca el quiebre que le permita arquearse sobre mi espina. Lleva dagas escondidas en las botas.
Parece que ahora se ha convertido en Buda. Y sabe cómo me llamo, pero dice que no.

De La enfermedad del terciopelo (2009).
Foto: Halifax, Canadá.

Modes de recherche


Sous couleur de civilisation, sous pretéxte de progrès, on est parvenu à bannir de l'esprit tout ce qui se peut taxer à tort ou à raison de superstition, de chimère; à proscrire tout mode de recherche de la vérité qui n'est pas conforme à l'usage. C'est par le plus grand hasard, en apparence, qu'à été récemment rendue à la lumière una partie du monde intellectuel, et à mon sens de beaucoup la plus importante, dont on affectait de ne plus se soucier. Il faut en rendre grâce aux découvertes de Freud. Sur la foi de ces découvertes, un courant d'opinion se dessine enfin, à la faveur duquel l'explorateur humain pourra pousser plus loin ses investigations, autorisé qu'il sera à ne plus seulement tenir compte des réalités sommaires. L' imagination est peut-être sur le point de reprendre ses droits. Si les profondeurs de notre esprit recèlent d'étranges forces capables d'augmenter celles de la surface, ou de lutter victorieusement contre elles, il y a tout intérêt à les capter, à les capter d'abord, pour les soumettre ensuite, s'il y a lieu, au contrôle de notre raison. Les analystes eux-mêmes n'ont qu'a y gagner. Mais il importe d'observer qu'aucun moyen n'est désigné a priori pour la conduite de cette entreprise, que jusqu' à nouvel ordre elle peut passer pour être aussi bien du ressort des poètes que des savants et que son succès ne dépend pas des voies plus ou moins capricieuses qui seront suivies.

André Breton, "Manifeste du surréalisme", 1924.
Photo: Venise.

L'autunno

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Parque Rodó, Montevideo.

&%@#!!!


In English, an insult to one’s parentage uses the dog as the image, while the Spanish hijo de puta is more direct, but the English equivalent whoreson is archaic and can no longer be used. In ordinary usage hijo de puta must be rendered “son of a bitch,” else we lose the emotional charge. The Portuguese is more subtle, filho da mãe  (son of your mother), innocent on the surface, but inviting all the vileness the imagination can bring to bear. I recall an episode in Julio Cortázar’s Hopscotch in which the hero has pounded his thumb with a hammer as he tries to straighten a nail. “Puta que te parió,” he addresses the nail. If we leave it at that, we get a Hemingwayish “whore that bore you,” but the intent is different. My solution was to have him accuse the nail of incestuous proclivities toward its dam, which is current, ripe, and even maintains a bit of the tone of the Spanish insult. The fact that insults cannot be rendered so closely as we might like means that while words can be translated directly, cultures themselves cannot be without grotesque distortion.

Gregory Rabassa en “If This Be Treason:  
Translation and Its Possibilities”.
Image: Montmartre.
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Foto: Buenos Aires.

Narciso de Oriente


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La feria está colmada,
pero en la sala de espejos
no hay un alma,
sólo la dama china,
absorta,
fascinada
en la pasamanería
de su sexo
frente al espejo cóncavo.
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De Los cien ojos de la cola del pavo real de Hera (2009).
Foto: Budapest.

Tres gatos negros

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El primero apareció en el invierno canadiense, una noche en la que yo volvía del cine en Ottawa. Apenas comenzaba a nevar y su pelaje estaba cubierto de brillantes copos que, por haber caído muy suavemente, casi conservaban su forma original. Se fue con tanto sigilo como había llegado.

El segundo se perdió en pleno carnaval, cerca de la Scala Contarini del Bovolo, hermosa escalera medieval veneciana. Nunca llegué a conocerlo, pero al ver el cartel me pregunté qué otro animal podía perderse o encontrarse en el carnaval de Venecia.

El tercero, bastante pequeño, intentó cruzarse en mi camino el pasado 1º de enero en un puente montevideano. No suelo impedirles la maniobra, pero pensé que ser permisiva en esa fecha era desafiar demasiado a la suerte y lo esquivé con decisión. Él me miró entre asombrado y orgulloso, tal vez pensando: "Qué aspecto amenazante debo tener".

Encruzilhada

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Elementos de una ofrenda religiosa afrobrasileña en Montevideo.

Subordinación

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El hombre flagela al hombre
que azota al perro que acosa al gato
que devora con fruición
las alas de una polilla viva.
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De Los cien ojos de la cola del pavo real de Hera (2009).

Foto: Torcello, Italia.

Ottawa

Foz de Iguazú: fauces, caídas y hoces

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Cuenta la leyenda que cuando Álvar Núñez Cabeza de Vaca vio las cataratas del río Iguazú por primera vez, gritó: "¡Santa María, qué belleza!". Cierto o no, el nombre que el adelantado dio a estas caídas de agua fue Saltos de Santa María (nuestra lengua no utilizaba aún la palabra cascada, mientras que el plural de catarata se usaba para el mal ocular). Sin embargo, como muchas veces pasa con las toponimias, el que terminó imponiéndose fue el nombre primitivo indígena, en este caso guaraní: Iguazú, que significa 'agua grande'.

El curso del transparente Iguazú se vuelve accidentado en sus tramos finales, resabio de antiguas efusiones volcánicas. A la falla principal de las cataratas le sigue, algo después, un notorio estrechamiento del río causado por un cañón de paredes de basalto; finalmente se produce la desembocadura en las barrosas aguas del Paraná, con las que no hay mezcla inmediata. Y alguno de estos accidentes geográficos ha dado nombre a la ciudad de Foz do Iguaçu (Foz de Iguazú en español).

Vila Iguassu nació en 1914 y recibió el nombre de Foz do Iguassu en 1918. Un acuerdo entre las academias de letras de Lisboa y Brasil le dio su "ç" en 1945. En 2005 se intentó regresar a las dos "s" por razones prácticas, pero una consulta popular echó por tierra la idea. En cuando al término Foz, una popular versión cuando visité la zona le atribuía relación con la palabra falls ('cataratas' en inglés; propiamente 'caídas'), de pronunciación similar. Hubo presencia inglesa en la región previa a la fundación de la ciudad (relacionada con la extracción de yerba mate y madera) por lo que esto podría tener algún sentido; también podría haberse tomado inspiración en el nombre de las Cataratas del Niagara (Niagara Falls), explotadas turísticamente desde el siglo XVIII. Niagara es a su vez un nombre indígena (iroqués o mohawk), por lo que la estructura podría haber servido de modelo para dar un nombre de sonido internacional a Foz (que en realidad debía haber sido Iguaçu Foz), una ciudad cuyo futuro turístico comenzaba a vislumbrarse.


Sin embargo, todo apunta en realidad a la antigua palabra foz, común a varios romances de la península ibérica y que designa la angostura de un valle o de una corriente de agua entre dos sierras (y, en portugués, también la desembocadura de un río). Parece haber acuerdo en que procede del latín faux, -cis, que significa 'garganta, fauces' y que ya se utilizaba en geografía (Plinio habla del fauces Bospori, el estrecho del Bósforo). El término actual en español es hoz, presente en toponimias como Hoz de Mainamá (Colombia) o el río Hoz Seca, afluente del Tajo. Y tendemos a pensar en la falla más llamativa de las cataratas, la Garganta del Diablo, gran boca dispuesta a devorar a navegantes desprevenidos. Foz está cerca de esas fauces, de la angostura en el curso del río y especialmente de la desembocadura de este en el Paraná

Como si fuera poco, entra en juego otra hoz (foice en portugués). Este término procede de falx, -cis y refiere al antiguo instrumento para segar. En latín no se lo usaba para nombrar accidentes geográficos, pero hay quien se ha preguntado si la forma de la herramienta no habrá tenido alguna influencia en casos similares (ver esta nota para Asturias).

En la zona de las cataratas del Iguazú, a la confluencia de tres países (Argentina, Brasil y Paraguay) y tres lenguas (español, portugués y guaraní) se suma la presencia del inglés, que suena por todas partes como lengua del turismo. Si el término falls no fue un factor en la denominación original de Foz de Iguazú, hoy los visitantes lo relacionan naturalmente con el nombre de la ciudad, al punto que a veces las dos voces se confunden. Serán los murmullos de la Garganta del Diablo.

Maribor, Capital Europea de la Cultura 2012

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"No nos responsabilizamos por la integridad física de los huéspedes ni por sus pertenencias".

"Se ruega no utilizar drogas ni armas en las instalaciones".
"No está permitido pasearse desnudo por el establecimiento".

Las advertencias pegadas en la pared de mi habitación no parecían presagiar días tranquilos. Sin embargo, tanto el ambiente de aquel alojamiento en Maribor como el de la ciudad en general resultaron perfectos para una mujer viajando sola. Me alegró mucho, entonces, ya a un tiempo de aquel viaje, saber que la pequeña ciudad eslovena (que sin embargo es la más importante del país después de la capital, Liubliana) ha sido designada (junto con Guimarães, en Portugal) Capital Europea de la Cultura 2012.

Sé por experiencia que el impulso turístico que la capitalidad cultural da a las ciudades elegidas se mantiene más allá del año en cuestión (y se irradia a zonas próximas). Precisamente estaba en Maribor por su cercanía (geográfica e histórica) con Graz, en Austria, que había decidido visitar tras leer un reporte muy entusiasta en ocasión de su nombramiento como Capital Europea de la Cultura 2003, acompañado de tentadoras fotos. Ojalá que esta ciudad (Maribor en esloveno, Marburg en alemán) y su interesante vecina Ptuj experimenten un efecto parecido.

Los atractivos de Maribor son variados: se encuentra en un marco natural constituido por la cordillera del Pohorje, el río Drava y las colinas de viñedos que caracterizan la zona. La propia ciudad cuenta con una célebre vid de cuatro siglos, Stara Trta, considerada la más antigua del mundo.


En la plaza Svobode se encuentra la antigua bodega Vinag, de las mayores de Europa, junto al monumento de Slavko Tihec conocido como Kodzak (Kojak) por recordar a una cabeza calva. En realidad se llama NOB y es un homenaje a rehenes caídos en la Segunda Guerra Mundial.

Me tocó recorrer la ciudad en soleados y secos días invernales; desde Lent, el casco antiguo, el Drava se veía intensamente azul, salpicado de cisnes a los que alimentaban familias de paseo. En contraste con el cuidado aspecto de Graz, aquí se ven zonas en recuperación, pero esta característica convierte a Maribor, como también ocurre con Bratislava, en una interesante locación para fotografías con un giro diferente.


En la elegante plaza Gravni se puede apreciar, flanqueada por hermosos faroles, la columna votiva que se erigió para agradecer que la ciudad se hubiera salvado de la peste. No la virgen, como en el caso anterior, sino san Florián, es el homenajeado en la columna de la plaza Grajski, frente al castillo de Maribor, hoy sede de un museo. La pequeña y atractiva catedral de la ciudad se encuentra frente a la plaza Slomsek, cubierta de nieve cuando estuve allí. Y vagando por la villa se tropieza con vistas menos conocidas pero no por eso menos disfrutables.


En resumen, en 2012 o cuando se pueda, Maribor bien vale una visita.

Más información:
Maribor, Capital Europea de la Cultura 2012
Portal oficial de turismo de Eslovenia

Lengualarga


Escribo en español actual, pero buscando voces y formas de decir de otras épocas de la lengua, de otras lenguas romances, del inglés (del que me gusta pescar términos de origen latino que el español no conservó) y a veces del latín. También me interesan algunos americanismos poco comunes en el Río de la Plata y, en general, cualquier palabra relacionada con la familia romance que por alguna razón me resulte expresiva. Esto ocurre también con los títulos o pies de mis fotos.

En los últimos años, tras vivir en Canadá, he escrito algunas líneas en francés e inglés y comenzado a esbozar versiones en esas lenguas de algunos de mis trabajos en español, con las dificultades del caso. Me interesa continuar (aunque la tarea tiene mucho de caminata por arenas movedizas para mí) como forma de ahondar de otra manera en viejos textos.

Foto: Lucerna.

El traductor como poeta

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La traducción de poesía es un hecho que siempre nos deslumbra de contradicciones. ¿Cómo repetir lo único? ¿Qué es, en realidad, lo que se intenta expresar en otro idioma, cuando sabemos que lo esencial de todo poema, como diría el místico, es 'un no sé qué, que se alcanza por ventura', y que esa ventura del poeta y del lector es inseparable del impulso espiritual que conduce a su hallazgo?... ...Pero entonces habría que convenir en que sólo pueden ser traductores los creadores, y aún más, que la traducción constituye un género independiente y especial, con su jeraquía y sus valores propios, dentro del ámbito de la creación poética.

Cintio Vitier, Crítica sucesiva.
Foto: Praga.

Salzburgo, café y aguanieve

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Viajar en invierno es resignarse a que el tiempo no sea el mejor y a menos horas de luz natural, pero tiene su magia (y sus ventajas para quien no le teme al frío). Sin embargo, una racha de malos días en una misma ciudad nos obliga a dejarla sin haber disfrutado de su versión más representativa. Fue básicamente lo que me sucedió en Salzburgo.

En la hermosa villa natal de Mozart, que debe su nombre al antiguo comercio de la sal, una persistente aguanieve marcó casi cada día que pude dedicarle, a lo que se sumó la presencia de un vasto contingente de devotos del turismo hooligan. Tras una serie de molestias, un día me recluí en el hotel dispuesta a no salir por un buen rato, solamente para comprobar que los ocupantes de la habitación contigua, separada de la mía por finísima pared, parecían miembros de la misma cofradía. Decidida finalmente a aprovechar el tiempo me dirigí a la Casa Natal de Mozart (Mozarts Geburtshaus, Getreidegasse 9), donde ahora funciona un interesante museo cuya boletería encontré cerrando antes de lo previsto, y sin negociación posible: tuve que conformarme con una foto de la puerta.

En los días siguientes me dediqué a avistar castillos (Hellbrunn, Mirabell, Leopoldskron, Frohnburg) y otros puntos de interés desde un bus turístico, tomando fotos desdibujadas a través de los vidrios con vetas de aguanieve, que se filtraba en mis botas por grietas invisibles cuando me atrevía a bajar. La aguanieve es más insidiosa que la nieve, y, como es lógico, mucho más fría que la lluvia. La ciudad lucía como suspendida en una hibernación de la que tan solo saldría en algún atardecer, permitiéndome pasear un poco por el casco antiguo y las riberas del río Salzach y visitar la catedral de San Ruperto, donde se conserva la pila en la que bautizaron a Mozart. Otra cuenta sin saldar: la vista panorámica desde la fortaleza, Hohensalzburg, que en aquellas condiciones no era viable.


Como suele ocurrir en estos casos, el día de mi partida brillaba un sol espléndido y ya no había hordas, pero no me era posible cancelar el viaje. Contaba con una hora que decidí dedicar a una solicitud. Una persona querida, que había visitado Salzburgo con alguien muerto poco después, quería fotos del hotel donde habían estado. Conseguí ubicarlo y me fui con la satisfacción de quien cumple con su deber, pero...

...al subir al tren, la cámara cayó al suelo. Pude ver el mensaje "sobreescribiendo" que señalaba lo que comprobaría más tarde: las fotos de la buena acción se perdieron, así como las de la casa de Mozart y prácticamente todas mis imágenes de la ciudad. Rescaté unas pocas, en gran parte del borroso viaje en bus.

Por todo esto, cuando pienso en Salzburgo me invade una melancolía no desprovista de encanto; de cualquier modo, comparto esta información por si otros tienen mejores ocasiones de aprovecharla. No se priven de una pausa en el Café Tomaselli (Alter Markt 9), el más antiguo de la ciudad, que según se dice era frecuentado por nuestro amigo Amadeus, o eventualmente en el Café Bazar (München Bundestrasse 69), que supo visitar Marlene Dietrich. Yo tomé bastante café en Salzburgo, pero no puedo afirmar que haya sido en sitios tan ilustres, dada la ausencia de fotos: si algo me permitió comprobar este episodio fue la importancia que tiene el registro gráfico como auxiliar de la memoria en viajes agitados.

Variedad de recursos

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Según Joan Corominas, en el verbo engatusar confluyen los tres más antiguos e igualmente encantadores (valga la redundancia) encantusar (de encantar, 'engañar con brujerías'), engatar ('engañar con arrumacos', derivado, como no podía ser de otra manera, de gato) y engaratusar ('engañar con halagos', de garatusa, 'carantoña').

Foto: Venecia.

Graz y su clima de hadas

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"Austria estaba muy lejos del mundo, y dormida; y nuestra aldea se encontraba en el centro de ese sueño..." (Mark Twain, El forastero misterioso).

"Es un tren de cuentos..." --me dijo algo asombrado el boletero al verme sin niños. "Sí, ya lo sé" --le contesté con una sonrisa, extendiéndole las monedas. Estábamos en Graz, Austria, en el vientre de la colina Schlossberg (cuyo nombre significa 'montaña del castillo') y el boletero era también el maquinista del pequeño tren que durante los próximos minutos recorrería las entrañas del monte. En un alemán del que sólo pude rescatar el perfume a cuento de Grimm iría relatando fragmentos de historias para acompañar lo que veíamos. Aquello era como un tren fantasma al revés donde, en lugar de monstruos, cada giro en el camino iluminaba castillos, princesas y alguna que otra madrastra.

Me tocó compartir el viaje con dos niños y sus madres. Uno de ellos, sentado delante de mí, tenía una mochila en forma de vaquita de san Antonio que le agregaba encanto al recorrido. Detrás, a mi lado, viajaba un niño algo mayor, solo, que, llevado hasta el andén por sus parientes, había dudado en subir hasta que me vio. Tal vez haya pensado: "No es tan lamentable viajar a mis años en este trencito, si esta señora también lo hace". ¿O buscaría protección contra hechizos?

Yo iba intentando inútilmente registrar el paseo: una gruta con luces escasas y variables, un tren en movimiento y una modesta cámara no representan la mejor combinación. Pero aún así, mi compañero de asiento, sin decirlo, parecía interesado en que lo fotografiara todo. En los pocos momentos en que dejé descansar el aparato sobre las rodillas, sus ojos me decían: "¿No ves a Caperucita ahí con el lobo? ¿Y a Rapunzel en la torre?".


Cuando el boletero-maquinista repartió caramelos a los niños no sabía si mirarme. Su política no debía incluir dar dulces a los adultos, pero mi caso era perturbador. Ninguna madre iba a quejarse por no recibir un caramelo para ella misma, pero ¿y yo? Si me gustaban las grutas de cuentos, debían gustarme también los caramelos de regalo. Pensándolo bien, no me hubiera molestado recibir uno.

Traqueteando, el tren llegó pronto a destino y el pequeño contingente se desarmó. Completé la visita con una subida en el ascensor transparente que conduce a la Torre del Reloj y a una espléndida vista panorámica de la ciudad. Era invierno y Graz titilaba en la neblina, con su aire de aldea y el par de obras futuristas que, en contraste con lo anterior, la convierten en una ciudad única: Murinsel, la isla artificial sobre el río Mur, que alberga un agradable restaurante, y la Casa de Arte (Kunsthaus Graz, en Südtirolerplatz), museo de arte contemporáneo conocido como "friendly alien" ('extraterrestre amigable') por su indescriptible fisonomía.

Quise, sin embargo, que mi adiós a la ciudad se pareciera más a aquel viaje de hadas. Por eso el día de mi partida serpenteé entre callecitas para ver a los bailarines estirios de la Plaza del Carillón (Glockenspielplatz), autómatas que, cada mañana a las once, asoman de una torre con reloj a la que no sabría volver: llegué guiada por los vecinos entre humeantes puestos de venta de castañas.


Más información:
Oficina de turismo de Graz

Poesía indígena canadiense

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Pakak, de Louise Bernice Halfe

Esqueleto volador,
yo solía vagar allá
donde te escondías.
Te oía golpetear
rascando tus huesos.

Un día abrí una puerta.
Me sonreíste a través de
tu boca hueca.
Punzaste mi corazón con
ojos vacíos.

Alzaste tus manos óseas
para saludar mi entrada, y yo,
con un alarido sin voz,
escapé.

Te subiste a mi espalda.
Colgando de mi cuello rodeaste
tu montura de carne.

Por mil años serías
mi carga de huesos,
la compañía que no se marchaba.

Golpeabas tu cráneo
contra mi cabeza,
y yo sentía tus pies de plomo
que arrastré y arrastré hasta

el día en que no pude llevar
más tu carga,
y te rogué que me soltaras,
hueso a hueso.

Nos miramos cara a cara:
Pakak, el esqueleto
expuesto,
y yo, más ligera de lo que
podía aguantar.

Te di a beber lágrimas sanadoras
y tú rozaste con tus falanges
tu cara y la mía.

Te ofrecí un paño de oración,
tejí un manto de misericordia,
y tú nos envolviste,
esqueleto y carne.

Te ofrecí el humo de la verdad.
Tú trajiste tu pipa a la vida,
la elevaste hasta tu boca espectral
y hasta mi boca.

Pakak, mi compañía.
Un alma reveladora
y tenebrosa.
Mi esqueleto danzante,
mi amistad danzante.

Ahora cada cual lleva su carga,
lado a lado,
mano con mano.
--

(Pakak, el esqueleto volador, es una criatura mítica de la tradición cri que vive en los bosques. Es de naturaleza taimada y de aspecto temible, pero cuando recibe un trato respetuoso y se le ofrecen tabaco y plegarias, él/ ella se transforma y otorga bendiciones).

El texto en español es mío, en base a dos versiones del original en inglés.
Foto: Festival Winterlude, Ottawa.

Nuestra Señora de las Nieves

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Vetas verdeazules en el hielo, hielo gestándose, levantando una pared, un tejado traslúcido para tu encierro invisible.
Primero será blanco tu techo. Nadie verá tu cuerpo flotando en las aguas, apenas adornado con algunas algas de río, tus muslos claros, gélidos, lo primero que dejaste de sentir.
Si un poco de sol astilla luego tu palacio de invierno, asomarás por una grieta y descansarás en playas heladas junto a los árboles desnudos, apenas cubiertos por pálidas joyas de nieve. Fulgurante, tu cuerpo ya será parte del agua y volverá a hundirse cuando arrecie el viento cortante, cuando los pájaros se vayan definitivamente al Sur.
Nada, en realidad, es definitivo. Finalmente, si esa palabra es plausible, comenzará el deshielo. Tu cambiante palacio desaparecerá río abajo llevándote con él y las neblinas de la ciudad lo oscurecerán. Se hará humo. Discurrirá con las aguas borrando su propia estela, deshaciéndose.
Serás Nuestra Señora de las Nieves. Nadie sabrá cuál fue antes tu nombre.

De La enfermedad del terciopelo (2009).
Foto: Halifax, Canadá.

Las 55 ciudades invisibles de Calvino

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Esta pequeña enumeración inversa reúne los nombres de las cincuenta y cinco poblaciones imaginarias con nombre de mujer descritas por
Italo Calvino en Las ciudades invisibles. Aquí van, de la última a la primera:

Berenice, Teodora, Pentesilea, Marozia, Cecilia, Andria, Raissa, Procopia, Perinzia, Laudomia, Olinda, Trude, Tecla, Argia, Irene, Leonia, Bersabea, Eusapia, Clarice, Moriana, Eudossia, Adelma, Pirra, Fillide, Smeraldina, Melania, Leandra, Bauci, Ersilia, Ottavia, Aglaura, Zemrude, Eutropia, Sofronia, Olivia, Valdrada, Cloe, Armilla, Ipazia, Zobeide, Eufemia, Zenobia, Zoe, Fedora, Maurilia, Isaura, Zirma, Despina, Zora, Tamara, Anastasia, Zaira, Dorotea, Isidora y Diomira.

Como nota curiosa, casualmente compré el libro en una noche de invierno en un viaje a Italia, lo que me hace pensar en otra obra de Calvino que también he disfrutado mucho: Si una noche de invierno un viajero.

Ideas en el tintero: 1) la inicial más representada es la Z (siete nombres), seguida de la A (seis) y la E (cinco). 2) Encuentro referencias, voluntarias o no, a autoras y personajes literarios. Ejemplos: Clarice Lispector y Moriana, la envenenadora del Romancero. Y también personajes mitológicos o históricos como la amazona Pentesilea o Hipatia de Alejandría. ¿Ven más?

Foto: Budapest.

No te doy nada

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Mezquino es una de esas palabras, más de las que uno quisiera, que comienzan denotando pobreza económica o desgracia y con el tiempo van incorporando la idea de pobreza moral o espiritual, que termina imponiéndose. En acadio muskenu(m)
significaba 'súbdito' y la palabra fue pasando por el arameo y el árabe clásico hasta llegar al árabe hispánico miskín. En árabe y en los primeros tramos hispánicos del término, su acepción principal era 'pobre, necesitado, carente', hoy en desuso en favor de la que conocemos, que implica avaricia, pequeñez moral y falta de nobleza: características que, como sabemos, poco tienen que ver con la condición social de quien las porta, pero la tradición lingüística no suele consignarlo así. Ver estos otros ejemplos: villano y malvado.
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Foto: Buenos Aires.

Bratislava y sus sorpresas de bronce

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Llegué a la capital de Eslovaquia en bus desde Viena, por cerca de diez euros, dispuesta a recorrerla por el día, y pocas veces en mi vida una suma como esa estuvo mejor gastada. Era una mañana nubosa, pero evolucionaría hacia uno de esos días invernales de sol que tanto me gustan. A mi llegada me recibió Hans Christian Andersen en la plaza Hviezdoslav: buen comienzo para una amante de los cuentos. La obra, de Tibor Bartfay, conmemora el paso del popular narrador por Bratislava, y era sólo un adelanto de las deliciosas sorpresas en forma de escultura que aguardan a quien se aventure por la ciudad con ganas de caminar.

El paso de las tropas napoleónicas por la capital eslovaca es recordado con la simpática escultura de Juraj Melis que representa a un soldado apoyado sobre un banco de la Plaza Mayor (Hlavné Námestie). También de Juraj Melis es la estatua (calle Rybárska) que recuerda a Schöne Náci, antiguo personaje del folklore de la ciudad que, impecablemente vestido pese a su modesto pasar, solía ofrecer reverencias y flores a las damas.

Un Paparazzo en plena acción, que sin duda inquietará a los paseantes famosos, se luce en una esquina de la calle Laurinská; es obra de Radko Macuha y los visitantes, tal vez en venganza solidaria, le prodigan abundantes tomas. Pero la más célebre de las esculturas que distinguen a Bratislava por su originalidad y gracia es probablemente Cumil o Rubberneck (foto), de Viktor Hulík: un trabajador que se asoma, reflexivo y melancólico, desde una alcantarilla, y que ya ha sido decapitado un par de veces por conductores desaprensivos, por lo que ahora es protegido por advertencias municipales.

Caminé casi hasta la caída del sol disfrutando de estas sorpresas, y, a última hora, de un chocolate caliente para reponer fuerzas antes del regreso a Viena. El trayecto es breve y agradable, por lo que lo recomiendo ampliamente. Los amantes de Praga encontrarán en Bratislava una experiencia que tiene mucho en común con la que ofrece la capital checa, pero en una escala más relajante y manejable. Por momentos se puede vagar por las calles casi en completa soledad, apreciando las numerosas tiendas de marionetas, algunas encantadoras pinturas murales y, en general, una cartelería muy cuidada en los comercios y cafés, lo que va produciendo, a lo largo de las horas, un interesante estado de satisfacción estética.

Protegido

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Exposición rural en Montevideo.

John Stuart Mill y la tiranía social

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Cuando la propia sociedad es el tirano –la sociedad colectivamente, por sobre los individuos separados que la componen— sus medios para ejercer la tiranía no se reducen a los actos que pueda efectuar por mano de sus funcionarios políticos. La sociedad puede ejecutar y ejecuta sus propios mandatos: y si ejecuta mandatos erróneos en lugar de mandatos correctos, o mandatos de cualquier tipo en temas en los que no debería inmiscuirse, lleva a cabo una tiranía social, de mayor magnitud que diversos tipos de opresión política porque, si bien puede no aplicar penas tan extremas, deja menos medios de escape, penetrando mucho más profundamente en los detalles de la vida y esclavizando a la propia alma.

La protección, entonces, contra la tiranía del magistrado, no es suficiente: hace falta también protección contra la tiranía de la opinión y el sentimiento predominantes; contra la tendencia de la sociedad a imponer, por otros medios que los penales, sus propias ideas y prácticas como reglas de conducta sobre aquellos que disienten de ellas; a engrillar el desarrollo, y en lo posible prevenir la formación, de cualquier individualidad que no esté en armonía con sus maneras, y compelir a todos los caracteres a construirse a sí mismos sobre el modelo que ella proporciona. Hay un límite para la interferencia legítima de la opinión colectiva por sobre la independencia individual; y encontrar ese límite y defenderlo de cualquier invasión es tan indispensable para una buena condición de los asuntos humanos como lo es la protección contra el despotismo político.

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Foto: Venecia.

Sueño segmentado: la tradición de la vigilia

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La antigua palabra francesa dorveille, que podemos traducir como 'vigilia', alude a una modalidad de sueño habitual en Europa hasta hace un par de siglos. Según el historiador A. Roger Ekirch, del Instituto Politécnico de Virginia, en la sociedad preindustrial se dormía en dos tramos, el primer y el segundo sueño. Los campesinos llegaban a su casa demasiado cansados para otra cosa que cenar y caer dormidos poco después de la caída del sol, pero despertaban luego de la medianoche en un agradable estado de ánimo. Recuperados de las fatigas del día, dedicaban las siguientes una o dos horas (la dorveille) a reflexionar, rezar, conversar, interpretar sus sueños, hacer pequeñas visitas o disfrutar del amor (al parecer era el horario más habitual para eso). Luego retomaban el sueño hasta el amanecer, casi puedo imaginar que con una sonrisa en los labios.

La luz eléctrica y los cambios en el estilo de vida de las sociedades occidentales fueron imponiendo luego el hábito de descansar de seis a nueve horas continuadas, y tendemos a señalar como disfuncionales otras posibilidades. A veces se duerme sólo lo que antes se entendía como primer sueño, y muchas personas consumen medicación para no despertar en la madrugada. Teniendo en cuenta, sin embargo, que el sueño bimodal que cultivaban nuestros antepasados es común a muchos mamíferos (y que en el mundo se duerme de maneras muy distintas de acuerdo a las costumbres de cada lugar), tal vez debamos considerar nuestra próxima vigilia como un regalo y aprovecharla, por ejemplo, para viajar con los sentidos.

Foto: París.

Quien ¿quién?

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Quien viste piel de toro,
colmillos en los lóbulos,
quien se pinta los labios
con tu sangre,
quien (¿quién?)
no tiene nombre
no sabe que se pinta
los labios con tu sangre,
o tal vez sí.
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De Los cien ojos de la cola del pavo real de Hera (2009).
Foto: Venecia.

Vilipendios

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La palabra villano viene del latín villanus, que a su vez procede de villa (en su acepción original de 'casa de campo'). En otras épocas del español, el villano era el habitante de una villa o aldea, en contraposición con el noble o hidalgo, como se ve en este romance del siglo XV o XVI:
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Pastor que estás en el campo
de amores tan descuidado,
escucha a una gentil dama
que por ti se ha desvelado.
Responde el villano vil:
"Yo contigo no he tratado,
tengo en la sierra el ganado
y allí me tengo que ir".

Más allá de la desconsideración de quien rechaza tan categóricamente a una dama (¡y para irse con el ganado!), en este texto la palabra no sugiere perfidia, y por eso se la complementa con el adjetivo vil, que viene del latín vilis y sí significa 'infame' o 'despreciable' (pero también 'de bajo precio, barato'). Sabemos lo que el tiempo ha hecho con villano: la tradición lingüística parece asimilar pobreza con maldad.

(Nota: en el proceso que ha venido sufriendo en las últimas décadas el término villero en Argentina parece estar repitiéndose tristemente la historia).
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Foto: Buenos Aires.

Cafés históricos de Buenos Aires

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La oferta de cafés de Buenos Aires es deslumbrante, superada por pocas ciudades que yo conozca. No me atrevería a decir que existe la que pueda ganarle claramente, aunque si hubiera un caso sería París. También me resultan geniales los cafés de Madrid, única ciudad donde por defecto sirven el cortado tal como me gusta.

En Buenos Aires el café es toda una institución, y sin importar demasiado los avatares económicos de la Argentina, en su capital siempre se encuentra un buen número de personas que desayunan en uno leyendo el diario, o bien entran a despejarse un rato a media tarde. Una combinación clásica: café con leche y tres medialunas (croissants).

Hace poco pasé varios meses en la ciudad, dedicada involuntariamente a una investigación de mercado sobre el tema. Todo comenzó con el listado de Bares notables de Buenos Aires (destacados en general por su valor histórico) que llevaba conmigo para ubicar alguno en cada paseo, ya que la red es amplia. Visitaba algún barrio y, a la hora de reponer fuerzas, elegía un local de la lista. Luego fotografiaba el resto y, si algún café lo ameritaba, volvía en otra ocasión para hacerle los honores (San Telmo, por ejemplo, merece varias visitas en ese sentido).

Al ir por todas partes concentrada de un modo u otro en el tema, comenzaron a surgir mis propias conclusiones. Por ejemplo, que El Coleccionista, en Avda. Rivadavia 4929 (Caballito), frente a una atractiva feria de libros usados, era de las mejores opciones en su relación calidad-precio. Muy cerca, la confitería Las Violetas (Rivadavia 3899) me pareció también merecedora de una visita. La opción más hermosa para mi gusto resultó el legendario Café de los Angelitos, también en Rivadavia, la avenida más larga del mundo, pero en el número 2100 (Congreso). Allí iba incluso muy tarde de noche a tomar chocolate caliente a la española en una pequeña caldera de cobre que era todo un deleite. Los turistas hacen fila para entrar a uno que yo no visité, pero porque ya lo conocía: el Gran Café Tortoni, en Avda. de Mayo 825 (Montserrat). En el barrio de La Boca, más que el ruidoso La Perla recomiendo El Estaño 1880 (Aristóbulo del Valle 1100), donde las veladas debían ser agitadas en el siglo XIX, ya que conserva huellas de balas en su barra tradicional de estaño. Allí se me dijo que, según la leyenda, la mesa en la que acababa de estar era la favorita de Astor Piazzolla. Recomiendo también un rústico y cómodo bar-almacén donde se puede comer pan casero y probar el dulce de leche si no se lo conoce (y eso hay que remediarlo): Bar de Cao (Independencia 2400).

Para amantes del tango: el espléndido Esquina Homero Manzi, en San Juan y Boedo (Boedo). Para leer a Borges: 36 Billares, en Avda. de Mayo 1265 (Montserrat). Y para todo público, con buenos precios y un antiguo y agradable local, aunque con atención algo excéntrica: Confitería Ideal, en Suipacha 384. Digo esto porque yo iba mucho por una promoción especialmente ventajosa, pero a algunos mozos parecía resultarles perturbador servírmela. Les sugerí que la retiraran de la carta si no era conveniente para ellos, pero cada vez que iba por allí se presentaba el mismo problema. En fin. Un disgusto mayor fue el cierre de la Confitería Richmond, en plena peatonal Florida, donde pasé también momentos muy buenos.

Nota: no recuerdo el nombre del café de la foto, que tampoco integra el listado por ser más moderno, pero recuerdo que estaba en San Telmo y lucía muy bien. Si alguien lo reconoce se me puede adelantar: creo que la calle era Defensa. La bicicleta con ajos fue efímera, pero no podía dejarla pasar.

Foto: Viena.

Villa de Niebla

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Así se duerme en la villa de Niebla.
Llegan los murciélagos, las niñas de la hiedra, los pensamientos oscuros. El durmiente tiembla y se arrebuja en lanas y algodones, intranquilo. A su lado la lumbre se extingue.
Luego, en los caminos, las plantas de viniebla se doblan apenas bajo un viento sutil y helado, y entonces aparecen los sueños de placer. Se ahogan, sin embargo, en un quejido: el durmiente despierta, advierte que soñaba y vuelve a caer en letargo, no sin antes derramar un par de lágrimas.
Finalmente, con los primeros rayos del día, la víctima cae por fin en un profundo sueño. Y es entonces, justo entonces, que las malditas campanas llaman al deber.

De Villa de Niebla (2004).
Foto: Halifax, Canadá.

Las cartas de Volumnia Fox

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Además de haber escrito famosas novelas como Orlando o Mrs. Dalloway, Virginia Woolf redactó montañas de cartas célebres tanto por su agudeza como por su malicia. Cuando Marjorie Strachey publicó su novela The counterfeits en 1927, muchos vieron en su personaje “Volumnia Fox” una alusión no demasiado velada a Virginia. Volumnia, dama romana, madre de Cayo Marcio, aparece en la obra Coriolano, de William Shakespeare; pero no en vano su nombre suena a “calumnia”, y Harold Bloom la llamó “la mujer más desagradable de todo Shakespeare”. Veamos algunas líneas que pueden haber contribuido a valerle a Virginia el peculiar homenaje. Son fragmentos de cartas escritas a su hermana Vanessa en referencia a distintas personas.

“Nunca, nunca ha habido una mujer tan alejada desde el nacimiento de todas las sutilezas, sensibilidades y armonías de la vida civilizada”.

“Un cadáver me parecería más convincente que él”.

“(Ellas) me producen el efecto de rosados paños de cocina que han estado colgados toda la noche bajo la lluvia”.

“Es dueño de todas las virtudes, excepto el encanto”.

“(Su obra) no me gusta, pero seguramente me dejo influir por el sentimiento de su invasora mediocridad y su espesa obsecuencia”.

“Es un terrible y hosco bruto, como un labrador reumático. No se me ocurre destino peor que el de ser su esposa”.

“Es inteligente y cáustica, y una furcia de lengua afilada”.

Claro que Virginia/ Volumnia era consciente de los alcances de su pluma emponzoñada:

“Últimamente he hecho tantos enemigos por escribir cartas irreflexivas que me apresuro a decir que no hablo completamente en serio”.

Y lo más importante: también era comprensiva con la maledicencia ajena:

"Afirma que Lytton (Strachey) decía cosas muy desagradables de todos nosotros, pero como todos hacemos lo mismo, no veo que tenga importancia".
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Foto: Venecia.

Dos cortejos

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En cortejo de trineos
al extremo Norte se nos llevará,
allí donde palacios de viento cortante,
casas con paredes de viento cortante
guarecen idiotas,
lo que es decir que en realidad los matan:
los matan de frío
o los matan de amor.

De Carnaval de invierno (inédito).

El cortejo macabro llega de improviso, pero nunca antes de culminar la sobremesa del almuerzo ni mucho menos sobre la hora del té. Suaves chasquidos lo anuncian: el rozar de las vestiduras contra el piso, ligeros correteos, risas ahogadas. Y de golpe, la consumación: es que ellas ya están aquí, y nada puede hacerse para evitar la ceremonia.
Hieráticas sobre su góndola fúnebre, las damas inscriben en los libros del horror los nombres de aquellos pobres mortales que habrán de ser tragados por las aguas. Sus dedos se entretienen en prolongados juegos de caligrafía y placer, y a cada gota de tinta negra corresponte, redonda y perfecta, una gota de sangre como jugo de mora.
Aún no han podido escribir mi nombre, pero sé que me buscan desde hace tiempo. Será cuestión de empacar mis dos o tres libros y poner proa a alguna parte del Norte, antes de que sea demasiado tarde.

De Villa de Niebla (2004).
Foto: Ottawa.

Pastelería incesante

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Parque Rodó, Montevideo.

El coleccionista solitario

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El escritor es un duelista que nunca se bate a la hora señalada, que recoge un insulto como si se tratara de un objeto curioso, como un ejemplar coleccionable que después colocará sobre su mesa, y sólo entonces se enfrentará con él en un duelo verbal. Algunas personas llaman a esto debilidad; yo lo denomino aplazamiento. Lo que en cualquier hombre sería debilidad se convierte en cualidad en un escritor, porque él guarda, colecciona lo que luego estallará en su obra. Por eso el escritor es el hombre más solitario del mundo; porque vive, lucha, muere y renace siempre solo, no interpretando sus papeles sino cuando ha caído el telón.

Anaïs Nin en su Diario (I), 1932.

Foto: Venecia.
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Foto: Bratislava.