Tuve un incidente con un perro, en un viejo molino de mareas, por lo que creo que era una cabeza de cabra, ustedes dirán.
Foto: Montevideo.
Teatro de sombras
La sombra con forma de sapo pierde el aliento, pero la expresión de su cara redonda de marfil apenas cambia. Transformada en alfil de mi viejo ajedrez –bailan las manos oficiosas- traza su diagonal sobre el tablero escarlata y blanco (sí, porque hay sangre en la nieve de esta primavera indolente que aún no se decide a entrar).
Mi criatura sombría no para de observarme desde su curiosa ausencia de párpados. Busca el quiebre que le permita arquearse sobre mi espina. Lleva dagas escondidas en las botas.
Parece que ahora se ha convertido en Buda. Y sabe cómo me llamo, pero dice que no.
De La enfermedad del terciopelo (2009).
Foto: Halifax, Canadá.
Modes de recherche
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Translation and Its Possibilities”.
Narciso de Oriente
De Los cien ojos de la cola del pavo real de Hera (2009).
Tres gatos negros

El segundo se perdió en pleno carnaval, cerca de la Scala Contarini del Bovolo, hermosa escalera medieval veneciana. Nunca llegué a conocerlo, pero al ver el cartel me pregunté qué otro animal podía perderse o encontrarse en el carnaval de Venecia.
El tercero, bastante pequeño, intentó cruzarse en mi camino el pasado 1º de enero en un puente montevideano. No suelo impedirles la maniobra, pero pensé que ser permisiva en esa fecha era desafiar demasiado a la suerte y lo esquivé con decisión. Él me miró entre asombrado y orgulloso, tal vez pensando: "Qué aspecto amenazante debo tener".
Subordinación
.que azota al perro que acosa al gato
que devora con fruición
las alas de una polilla viva.
De Los cien ojos de la cola del pavo real de Hera (2009).
Foz de Iguazú: fauces, caídas y hoces
Cuenta la leyenda que cuando Álvar Núñez Cabeza de Vaca vio las cataratas del río Iguazú por primera vez, gritó: "¡Santa María, qué belleza!". Cierto o no, el nombre que el adelantado dio a estas caídas de agua fue Saltos de Santa María (nuestra lengua no utilizaba aún la palabra cascada, mientras que el plural de catarata se usaba para el mal ocular). Sin embargo, como muchas veces pasa con las toponimias, el que terminó imponiéndose fue el nombre primitivo indígena, en este caso guaraní: Iguazú, que significa 'agua grande'.
El curso del transparente Iguazú se vuelve accidentado en sus tramos finales, resabio de antiguas efusiones volcánicas. A la falla principal de las cataratas le sigue, algo después, un notorio estrechamiento del río causado por un cañón de paredes de basalto; finalmente se produce la desembocadura en las barrosas aguas del Paraná, con las que no hay mezcla inmediata. Y alguno de estos accidentes geográficos ha dado nombre a la ciudad de Foz do Iguaçu (Foz de Iguazú en español).
Vila Iguassu nació en 1914 y recibió el nombre de Foz do Iguassu en 1918. Un acuerdo entre las academias de letras de Lisboa y Brasil le dio su "ç" en 1945. En 2005 se intentó regresar a las dos "s" por razones prácticas, pero una consulta popular echó por tierra la idea. En cuando al término Foz, una popular versión cuando visité la zona le atribuía relación con la palabra falls ('cataratas' en inglés; propiamente 'caídas'), de pronunciación similar. Hubo presencia inglesa en la región previa a la fundación de la ciudad (relacionada con la extracción de yerba mate y madera) por lo que esto podría tener algún sentido; también podría haberse tomado inspiración en el nombre de las Cataratas del Niagara (Niagara Falls), explotadas turísticamente desde el siglo XVIII. Niagara es a su vez un nombre indígena (iroqués o mohawk), por lo que la estructura podría haber servido de modelo para dar un nombre de sonido internacional a Foz (que en realidad debía haber sido Iguaçu Foz), una ciudad cuyo futuro turístico comenzaba a vislumbrarse.

Como si fuera poco, entra en juego otra hoz (foice en portugués). Este término procede de falx, -cis y refiere al antiguo instrumento para segar. En latín no se lo usaba para nombrar accidentes geográficos, pero hay quien se ha preguntado si la forma de la herramienta no habrá tenido alguna influencia en casos similares (ver esta nota para Asturias).
En la zona de las cataratas del Iguazú, a la confluencia de tres países (Argentina, Brasil y Paraguay) y tres lenguas (español, portugués y guaraní) se suma la presencia del inglés, que suena por todas partes como lengua del turismo. Si el término falls no fue un factor en la denominación original de Foz de Iguazú, hoy los visitantes lo relacionan naturalmente con el nombre de la ciudad, al punto que a veces las dos voces se confunden. Serán los murmullos de la Garganta del Diablo.
Maribor, Capital Europea de la Cultura 2012
"No nos responsabilizamos por la integridad física de los huéspedes ni por sus pertenencias".
"Se ruega no utilizar drogas ni armas en las instalaciones".
"No está permitido pasearse desnudo por el establecimiento".
Sé por experiencia que el impulso turístico que la capitalidad cultural da a las ciudades elegidas se mantiene más allá del año en cuestión (y se irradia a zonas próximas). Precisamente estaba en Maribor por su cercanía (geográfica e histórica) con Graz, en Austria, que había decidido visitar tras leer un reporte muy entusiasta en ocasión de su nombramiento como Capital Europea de la Cultura 2003, acompañado de tentadoras fotos. Ojalá que esta ciudad (Maribor en esloveno, Marburg en alemán) y su interesante vecina Ptuj experimenten un efecto parecido.
Los atractivos de Maribor son variados: se encuentra en un marco natural constituido por la cordillera del Pohorje, el río Drava y las colinas de viñedos que caracterizan la zona. La propia ciudad cuenta con una célebre vid de cuatro siglos, Stara Trta, considerada la más antigua del mundo.

En la plaza Svobode se encuentra la antigua bodega Vinag, de las mayores de Europa, junto al monumento de Slavko Tihec conocido como Kodzak (Kojak) por recordar a una cabeza calva. En realidad se llama NOB y es un homenaje a rehenes caídos en la Segunda Guerra Mundial.
Me tocó recorrer la ciudad en soleados y secos días invernales; desde Lent, el casco antiguo, el Drava se veía intensamente azul, salpicado de cisnes a los que alimentaban familias de paseo. En contraste con el cuidado aspecto de Graz, aquí se ven zonas en recuperación, pero esta característica convierte a Maribor, como también ocurre con Bratislava, en una interesante locación para fotografías con un giro diferente.

En la elegante plaza Gravni se puede apreciar, flanqueada por hermosos faroles, la columna votiva que se erigió para agradecer que la ciudad se hubiera salvado de la peste. No la virgen, como en el caso anterior, sino san Florián, es el homenajeado en la columna de la plaza Grajski, frente al castillo de Maribor, hoy sede de un museo. La pequeña y atractiva catedral de la ciudad se encuentra frente a la plaza Slomsek, cubierta de nieve cuando estuve allí. Y vagando por la villa se tropieza con vistas menos conocidas pero no por eso menos disfrutables.

En resumen, en 2012 o cuando se pueda, Maribor bien vale una visita.
Más información:
Maribor, Capital Europea de la Cultura 2012
Portal oficial de turismo de Eslovenia
Lengualarga
En los últimos años, tras vivir en Canadá, he escrito algunas líneas en francés e inglés y comenzado a esbozar versiones en esas lenguas de algunos de mis trabajos en español, con las dificultades del caso. Me interesa continuar (aunque la tarea tiene mucho de caminata por arenas movedizas para mí) como forma de ahondar de otra manera en viejos textos.
Foto: Lucerna.
El traductor como poeta

Salzburgo, café y aguanieve
Viajar en invierno es resignarse a que el tiempo no sea el mejor y a menos horas de luz natural, pero tiene su magia (y sus ventajas para quien no le teme al frío). Sin embargo, una racha de malos días en una misma ciudad nos obliga a dejarla sin haber disfrutado de su versión más representativa. Fue básicamente lo que me sucedió en Salzburgo.
En la hermosa villa natal de Mozart, que debe su nombre al antiguo comercio de la sal, una persistente aguanieve marcó casi cada día que pude dedicarle, a lo que se sumó la presencia de un vasto contingente de devotos del turismo hooligan. Tras una serie de molestias, un día me recluí en el hotel dispuesta a no salir por un buen rato, solamente para comprobar que los ocupantes de la habitación contigua, separada de la mía por finísima pared, parecían miembros de la misma cofradía. Decidida finalmente a aprovechar el tiempo me dirigí a la Casa Natal de Mozart (Mozarts Geburtshaus, Getreidegasse 9), donde ahora funciona un interesante museo cuya boletería encontré cerrando antes de lo previsto, y sin negociación posible: tuve que conformarme con una foto de la puerta.
En los días siguientes me dediqué a avistar castillos (Hellbrunn, Mirabell, Leopoldskron, Frohnburg) y otros puntos de interés desde un bus turístico, tomando fotos desdibujadas a través de los vidrios con vetas de aguanieve, que se filtraba en mis botas por grietas invisibles cuando me atrevía a bajar. La aguanieve es más insidiosa que la nieve, y, como es lógico, mucho más fría que la lluvia. La ciudad lucía como suspendida en una hibernación de la que tan solo saldría en algún atardecer, permitiéndome pasear un poco por el casco antiguo y las riberas del río Salzach y visitar la catedral de San Ruperto, donde se conserva la pila en la que bautizaron a Mozart. Otra cuenta sin saldar: la vista panorámica desde la fortaleza, Hohensalzburg, que en aquellas condiciones no era viable.

Como suele ocurrir en estos casos, el día de mi partida brillaba un sol espléndido y ya no había hordas, pero no me era posible cancelar el viaje. Contaba con una hora que decidí dedicar a una solicitud. Una persona querida, que había visitado Salzburgo con alguien muerto poco después, quería fotos del hotel donde habían estado. Conseguí ubicarlo y me fui con la satisfacción de quien cumple con su deber, pero...
...al subir al tren, la cámara cayó al suelo. Pude ver el mensaje "sobreescribiendo" que señalaba lo que comprobaría más tarde: las fotos de la buena acción se perdieron, así como las de la casa de Mozart y prácticamente todas mis imágenes de la ciudad. Rescaté unas pocas, en gran parte del borroso viaje en bus.
Por todo esto, cuando pienso en Salzburgo me invade una melancolía no desprovista de encanto; de cualquier modo, comparto esta información por si otros tienen mejores ocasiones de aprovecharla. No se priven de una pausa en el Café Tomaselli (Alter Markt 9), el más antiguo de la ciudad, que según se dice era frecuentado por nuestro amigo Amadeus, o eventualmente en el Café Bazar (München Bundestrasse 69), que supo visitar Marlene Dietrich. Yo tomé bastante café en Salzburgo, pero no puedo afirmar que haya sido en sitios tan ilustres, dada la ausencia de fotos: si algo me permitió comprobar este episodio fue la importancia que tiene el registro gráfico como auxiliar de la memoria en viajes agitados.
Variedad de recursos

Foto: Venecia.
Graz y su clima de hadas

Más información:
Oficina de turismo de Graz
Poesía indígena canadiense

Nuestra Señora de las Nieves
Vetas verdeazules en el hielo, hielo gestándose, levantando una pared, un tejado traslúcido para tu encierro invisible.
Primero será blanco tu techo. Nadie verá tu cuerpo flotando en las aguas, apenas adornado con algunas algas de río, tus muslos claros, gélidos, lo primero que dejaste de sentir.
Si un poco de sol astilla luego tu palacio de invierno, asomarás por una grieta y descansarás en playas heladas junto a los árboles desnudos, apenas cubiertos por pálidas joyas de nieve. Fulgurante, tu cuerpo ya será parte del agua y volverá a hundirse cuando arrecie el viento cortante, cuando los pájaros se vayan definitivamente al Sur.
Nada, en realidad, es definitivo. Finalmente, si esa palabra es plausible, comenzará el deshielo. Tu cambiante palacio desaparecerá río abajo llevándote con él y las neblinas de la ciudad lo oscurecerán. Se hará humo. Discurrirá con las aguas borrando su propia estela, deshaciéndose.
Serás Nuestra Señora de las Nieves. Nadie sabrá cuál fue antes tu nombre.
De La enfermedad del terciopelo (2009).
Foto: Halifax, Canadá.
Las 55 ciudades invisibles de Calvino

Esta pequeña enumeración inversa reúne los nombres de las cincuenta y cinco poblaciones imaginarias con nombre de mujer descritas por Italo Calvino en Las ciudades invisibles. Aquí van, de la última a la primera:
Berenice, Teodora, Pentesilea, Marozia, Cecilia, Andria, Raissa, Procopia, Perinzia, Laudomia, Olinda, Trude, Tecla, Argia, Irene, Leonia, Bersabea, Eusapia, Clarice, Moriana, Eudossia, Adelma, Pirra, Fillide, Smeraldina, Melania, Leandra, Bauci, Ersilia, Ottavia, Aglaura, Zemrude, Eutropia, Sofronia, Olivia, Valdrada, Cloe, Armilla, Ipazia, Zobeide, Eufemia, Zenobia, Zoe, Fedora, Maurilia, Isaura, Zirma, Despina, Zora, Tamara, Anastasia, Zaira, Dorotea, Isidora y Diomira.
Como nota curiosa, casualmente compré el libro en una noche de invierno en un viaje a Italia, lo que me hace pensar en otra obra de Calvino que también he disfrutado mucho: Si una noche de invierno un viajero.
Ideas en el tintero: 1) la inicial más representada es la Z (siete nombres), seguida de la A (seis) y la E (cinco). 2) Encuentro referencias, voluntarias o no, a autoras y personajes literarios. Ejemplos: Clarice Lispector y Moriana, la envenenadora del Romancero. Y también personajes mitológicos o históricos como la amazona Pentesilea o Hipatia de Alejandría. ¿Ven más?
Foto: Budapest.
No te doy nada

Bratislava y sus sorpresas de bronce

John Stuart Mill y la tiranía social

La protección, entonces, contra la tiranía del magistrado, no es suficiente: hace falta también protección contra la tiranía de la opinión y el sentimiento predominantes; contra la tendencia de la sociedad a imponer, por otros medios que los penales, sus propias ideas y prácticas como reglas de conducta sobre aquellos que disienten de ellas; a engrillar el desarrollo, y en lo posible prevenir la formación, de cualquier individualidad que no esté en armonía con sus maneras, y compelir a todos los caracteres a construirse a sí mismos sobre el modelo que ella proporciona. Hay un límite para la interferencia legítima de la opinión colectiva por sobre la independencia individual; y encontrar ese límite y defenderlo de cualquier invasión es tan indispensable para una buena condición de los asuntos humanos como lo es la protección contra el despotismo político.
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Sueño segmentado: la tradición de la vigilia

Quien ¿quién?
colmillos en los lóbulos,
quien se pinta los labios
con tu sangre,
quien (¿quién?)
no tiene nombre
no sabe que se pinta
los labios con tu sangre,
o tal vez sí.
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Vilipendios

La palabra villano viene del latín villanus, que a su vez procede de villa (en su acepción original de 'casa de campo'). En otras épocas del español, el villano era el habitante de una villa o aldea, en contraposición con el noble o hidalgo, como se ve en este romance del siglo XV o XVI:
.
Pastor que estás en el campo
de amores tan descuidado,
escucha a una gentil dama
que por ti se ha desvelado.
Responde el villano vil:
"Yo contigo no he tratado,
tengo en la sierra el ganado
y allí me tengo que ir".
Más allá de la desconsideración de quien rechaza tan categóricamente a una dama (¡y para irse con el ganado!), en este texto la palabra no sugiere perfidia, y por eso se la complementa con el adjetivo vil, que viene del latín vilis y sí significa 'infame' o 'despreciable' (pero también 'de bajo precio, barato'). Sabemos lo que el tiempo ha hecho con villano: la tradición lingüística parece asimilar pobreza con maldad.
(Nota: en el proceso que ha venido sufriendo en las últimas décadas el término villero en Argentina parece estar repitiéndose tristemente la historia).
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Foto: Buenos Aires.
Cafés históricos de Buenos Aires

En Buenos Aires el café es toda una institución, y sin importar demasiado los avatares económicos de la Argentina, en su capital siempre se encuentra un buen número de personas que desayunan en uno leyendo el diario, o bien entran a despejarse un rato a media tarde. Una combinación clásica: café con leche y tres medialunas (croissants).
Hace poco pasé varios meses en la ciudad, dedicada involuntariamente a una investigación de mercado sobre el tema. Todo comenzó con el listado de Bares notables de Buenos Aires (destacados en general por su valor histórico) que llevaba conmigo para ubicar alguno en cada paseo, ya que la red es amplia. Visitaba algún barrio y, a la hora de reponer fuerzas, elegía un local de la lista. Luego fotografiaba el resto y, si algún café lo ameritaba, volvía en otra ocasión para hacerle los honores (San Telmo, por ejemplo, merece varias visitas en ese sentido).
Al ir por todas partes concentrada de un modo u otro en el tema, comenzaron a surgir mis propias conclusiones. Por ejemplo, que El Coleccionista, en Avda. Rivadavia 4929 (Caballito), frente a una atractiva feria de libros usados, era de las mejores opciones en su relación calidad-precio. Muy cerca, la confitería Las Violetas (Rivadavia 3899) me pareció también merecedora de una visita. La opción más hermosa para mi gusto resultó el legendario Café de los Angelitos, también en Rivadavia, la avenida más larga del mundo, pero en el número 2100 (Congreso). Allí iba incluso muy tarde de noche a tomar chocolate caliente a la española en una pequeña caldera de cobre que era todo un deleite. Los turistas hacen fila para entrar a uno que yo no visité, pero porque ya lo conocía: el Gran Café Tortoni, en Avda. de Mayo 825 (Montserrat). En el barrio de La Boca, más que el ruidoso La Perla recomiendo El Estaño 1880 (Aristóbulo del Valle 1100), donde las veladas debían ser agitadas en el siglo XIX, ya que conserva huellas de balas en su barra tradicional de estaño. Allí se me dijo que, según la leyenda, la mesa en la que acababa de estar era la favorita de Astor Piazzolla. Recomiendo también un rústico y cómodo bar-almacén donde se puede comer pan casero y probar el dulce de leche si no se lo conoce (y eso hay que remediarlo): Bar de Cao (Independencia 2400).
Para amantes del tango: el espléndido Esquina Homero Manzi, en San Juan y Boedo (Boedo). Para leer a Borges: 36 Billares, en Avda. de Mayo 1265 (Montserrat). Y para todo público, con buenos precios y un antiguo y agradable local, aunque con atención algo excéntrica: Confitería Ideal, en Suipacha 384. Digo esto porque yo iba mucho por una promoción especialmente ventajosa, pero a algunos mozos parecía resultarles perturbador servírmela. Les sugerí que la retiraran de la carta si no era conveniente para ellos, pero cada vez que iba por allí se presentaba el mismo problema. En fin. Un disgusto mayor fue el cierre de la Confitería Richmond, en plena peatonal Florida, donde pasé también momentos muy buenos.
Nota: no recuerdo el nombre del café de la foto, que tampoco integra el listado por ser más moderno, pero recuerdo que estaba en San Telmo y lucía muy bien. Si alguien lo reconoce se me puede adelantar: creo que la calle era Defensa. La bicicleta con ajos fue efímera, pero no podía dejarla pasar.
Villa de Niebla

Llegan los murciélagos, las niñas de la hiedra, los pensamientos oscuros. El durmiente tiembla y se arrebuja en lanas y algodones, intranquilo. A su lado la lumbre se extingue.
Luego, en los caminos, las plantas de viniebla se doblan apenas bajo un viento sutil y helado, y entonces aparecen los sueños de placer. Se ahogan, sin embargo, en un quejido: el durmiente despierta, advierte que soñaba y vuelve a caer en letargo, no sin antes derramar un par de lágrimas.
Finalmente, con los primeros rayos del día, la víctima cae por fin en un profundo sueño. Y es entonces, justo entonces, que las malditas campanas llaman al deber.
De Villa de Niebla (2004).
Foto: Halifax, Canadá.
Las cartas de Volumnia Fox

Además de haber escrito famosas novelas como Orlando o Mrs. Dalloway, Virginia Woolf redactó montañas de cartas célebres tanto por su agudeza como por su malicia. Cuando Marjorie Strachey publicó su novela The counterfeits en 1927, muchos vieron en su personaje “Volumnia Fox” una alusión no demasiado velada a Virginia. Volumnia, dama romana, madre de Cayo Marcio, aparece en la obra Coriolano, de William Shakespeare; pero no en vano su nombre suena a “calumnia”, y Harold Bloom la llamó “la mujer más desagradable de todo Shakespeare”. Veamos algunas líneas que pueden haber contribuido a valerle a Virginia el peculiar homenaje. Son fragmentos de cartas escritas a su hermana Vanessa en referencia a distintas personas.
“Nunca, nunca ha habido una mujer tan alejada desde el nacimiento de todas las sutilezas, sensibilidades y armonías de la vida civilizada”.
“Un cadáver me parecería más convincente que él”.
“(Ellas) me producen el efecto de rosados paños de cocina que han estado colgados toda la noche bajo la lluvia”.
“Es dueño de todas las virtudes, excepto el encanto”.
“(Su obra) no me gusta, pero seguramente me dejo influir por el sentimiento de su invasora mediocridad y su espesa obsecuencia”.
“Es un terrible y hosco bruto, como un labrador reumático. No se me ocurre destino peor que el de ser su esposa”.
“Es inteligente y cáustica, y una furcia de lengua afilada”.
Claro que Virginia/ Volumnia era consciente de los alcances de su pluma emponzoñada:
“Últimamente he hecho tantos enemigos por escribir cartas irreflexivas que me apresuro a decir que no hablo completamente en serio”.
Y lo más importante: también era comprensiva con la maledicencia ajena:
"Afirma que Lytton (Strachey) decía cosas muy desagradables de todos nosotros, pero como todos hacemos lo mismo, no veo que tenga importancia".
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Dos cortejos

al extremo Norte se nos llevará,
allí donde palacios de viento cortante,
casas con paredes de viento cortante
guarecen idiotas,
lo que es decir que en realidad los matan:
los matan de frío
o los matan de amor.
Hieráticas sobre su góndola fúnebre, las damas inscriben en los libros del horror los nombres de aquellos pobres mortales que habrán de ser tragados por las aguas. Sus dedos se entretienen en prolongados juegos de caligrafía y placer, y a cada gota de tinta negra corresponte, redonda y perfecta, una gota de sangre como jugo de mora.
Aún no han podido escribir mi nombre, pero sé que me buscan desde hace tiempo. Será cuestión de empacar mis dos o tres libros y poner proa a alguna parte del Norte, antes de que sea demasiado tarde.
El coleccionista solitario



























